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Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres

Las alertas tempranas ante eventos climáticos extremos no protegen a un tercio de la población mundial



Los desastres provocados por riesgos naturales y tecnológicos afectan a millones de personas cada año, pero gran parte de su impacto puede reducirse mediante medidas y planificación proactivas. Cada año, el 13 de octubre es una fecha en la que se celebra cómo las personas y las comunidades reducen su exposición a los desastres en todo el mundo.

La UNESCO participa en el cambio conceptual para pasar de la reacción posterior a los desastres a la acción preventiva, y ayuda a los países a fortalecer sus capacidades en materia de gestión de los riesgos de desastres y del clima.



Este año, el Día Internacional para la Reducción de Desastres se centra en “Fortalecer la gobernanza del riesgo de desastres para gestionar el riesgo de desastres”, haciendo un llamado a la Meta E del Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2039 que mide el número de países y actores locales que tienen estrategias de RRD. en vigor, con el objetivo de "aumentar sustancialmente el número de países con estrategias nacionales y locales de reducción del riesgo de desastres para 2020".



Si bien es imposible eliminar por completo el riesgo de desastres, los países que diseñan marcos normativos y legislativos y que preparan sus instituciones de acuerdo con la meta, metas y prioridades de acción del Marco de Sendai, tienen mayor capacidad para gestionar el riesgo de desastres y, por lo tanto, reducir la impacto de los desastres cuando ocurren. Sin embargo, una estrategia exitosa para la reducción del riesgo de desastres es compleja y requiere mecanismos efectivos de coordinación de múltiples partes interesadas, una política nacional global, colaboración y aportes transdisciplinarios y multisectoriales, entre otros requisitos.






Las alertas tempranas ante eventos climáticos extremos no protegen a un tercio de la población mundial


Una publicación elaborada por 16 organizaciones internacionales recuerda que, durante los últimos 50 años, los peligros relacionados con el tiempo, el clima y el agua causaron más de 11.000 catástrofes que provocaron 2 millones de víctimas mortales y ocasionaron pérdidas económicas valoradas en 3,6 billones de dólares.

“Si bien la media de muertes notificadas a raíz de cada desastre se ha reducido en un tercio durante ese período, la cantidad de desastres registrados se ha quintuplicado y las pérdidas económicas se han multiplicado por siete”, destaca el informe.

En 2018, este fenómeno provocó que unos 108 millones de personas de todo el mundo necesitaran ayuda del sistema humanitario internacional tras tormentas, inundaciones, sequías e incendios forestales.

Además, el estudio estima que en los próximos diez años esa cifra podría aumentar en casi un 50 %, y que el costo asociado podría rondar los 20.000 millones de dólares anuales.

El informe señala dónde y cómo pueden los gobiernos invertir en sistemas eficaces de alerta temprana que refuercen la resistencia de los países a los múltiples peligros relacionados con el tiempo, el clima y el agua, y se ofrecen ejemplos de éxito.

Del mismo modo, subraya la necesidad de pasar a servicios de predicción meteorológica que tengan en cuenta los impactos climáticos más allá “del tiempo que hará” y evolucionando a “las consecuencias que éste tendrá”, permitiendo así a personas y empresas adoptar medidas tempranas en función de las alertas.

“Los sistemas de alerta temprana son una condición indispensable para la reducción efectiva de los riesgos de desastre y la adaptación al cambio climático. Estar preparados y ser capaces de reaccionar en el momento oportuno y en el lugar adecuado puede salvar muchas vidas y proteger los medios de subsistencia de las comunidades de todo el mundo", afirmó el Secretario General de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el profesor Petteri Taalas.

Los países menos adelantados son los grandes perdedores
Los sistemas de alerta temprana figuran como máxima prioridad en las contribuciones determinadas a nivel nacional, los esfuerzos de cada país para reducir las emisiones nacionales y adaptarse a los efectos del cambio climático, de casi el 90 % de los países menos adelantados y los pequeños Estados insulares en desarrollo. Sin embargo, muchos de ellos carecen de la capacidad requerida, y la inversión financiera no siempre llega a los ámbitos donde los recursos son más necesarios.

Desde 1970, los pequeños Estados insulares en desarrollo han sufrido pérdidas valoradas en 153.000 millones de dólares debido a fenómenos climáticos extremos, una cantidad significativa ya que el producto interno bruto medio de esos países es de 13.700 millones de dólares.

“Los datos facilitados por 138 Miembros de la Organización Meteorológica Mundial muestran que solo el 40 % cuentan con sistemas de alerta temprana ante múltiples riesgos. Esto significa que, en promedio, una de cada tres personas en todo el mundo todavía no está cubierta por sistemas de alerta temprana. En la actualidad, solo 75 Miembros de la OMM (39 % del total) prestan servicios de predicción que tienen en cuenta estos impactos”, asegura el informe.

Además, a nivel global no se dispone de la capacidad suficiente para convertir las alertas tempranas en acciones tempranas, especialmente en los países menos adelantados.

Por ejemplo, África posee el conocimiento y los métodos de predicción ante los riesgos, pero solo 44 personas de cada 100 están cubiertas por sistemas de alerta temprana y únicamente el 26 % de las estaciones meteorológicas cumplía los requisitos de la Organización en cuanto a notificación de datos.

Recomendaciones estratégicas
El informe destaca seis recomendaciones estratégicas para mejorar la implementación y la eficacia de los sistemas de alerta temprana en todo el mundo:

Invertir para subsanar las deficiencias de capacidad en cuanto a sistemas de alerta temprana, en particular en los países menos adelantados y en los pequeños estados insulares en desarrollo de África.
Centrar la inversión en actividades que permitan transformar la información de las alertas tempranas en acciones tempranas.
Velar por la financiación sostenible del sistema mundial de observación en el que se sustentan las alertas tempranas.
Someter los flujos financieros a seguimiento para comprender mejor el destino de esos recursos con respecto a las necesidades de implementación de los sistemas de alerta temprana y entender las repercusiones que conllevan esas asignaciones.
Fomentar la coherencia de las prácticas de supervisión y evaluación para poder determinar mejor la eficacia de los sistemas de alerta temprana.
Subsanar las deficiencias en materia de datos, en particular en los PEID.

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