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Especialistas de la UNESCO instan a la responsabilidad colectiva para proteger a las personas vulnerables en la lucha mundial contra el COVID-19

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La declaración pone de relieve la importancia de reconocer la vulnerabilidad de las personas afectadas por la pobreza, la discriminación, la violencia, las cuestiones de género, las enfermedades preexistentes, la pérdida de autonomía o funcionalidad, la edad, la discapacidad, el racismo, el encarcelamiento, la migración y las dificultades específicas que afrontan los refugiados y los apátridas.

Además, reconoce la difícil situación particular de las personas privadas de recursos básicos como el agua y el jabón para mantener una higiene elemental, y señala a la atención la dificultad del distanciamiento social en las condiciones de hacinamiento que prevalecen en los barrios marginales y los campamentos de refugiados, por ejemplo. También destaca el mayor riesgo de violencia doméstica en condiciones de confinamiento y aislamiento.

La declaración expresa la convicción de la UNESCO de que la guerra contra el COVID-19 requiere el reconocimiento colectivo de estas vulnerabilidades emergentes y crecientes, a fin de garantizar que las respuestas de las políticas sanitarias y sociales en todo el mundo no dejen a nadie atrás.

Las pandemias ponen de relieve la interdependencia de los Estados en lo que respecta a la disponibilidad de equipo de protección, la formulación de políticas de salud pública y el fomento de la investigación científica del más alto nivel. En su declaración, el CIB y la COMEST piden que se adopten medidas para hacer frente al empeoramiento de las condiciones de vulnerabilidad e instan a los países a que elaboren estrategias para abordarlas.

Los expertos también hacen un llamamiento a los gobiernos y a la comunidad internacional para que adopten medidas urgentes mediante la cooperación internacional en un espíritu de solidaridad, subrayando la responsabilidad de los países ricos de ayudar a las naciones pobres. En tales emergencias, las decisiones políticas deben fundamentarse en la ciencia y guiarse por la ética. Es preciso evitar la estigmatización y la discriminación para garantizar la eficacia de las medidas de salud pública, mientras que la investigación científica y las medidas sanitarias deben superar las divisiones políticas, geográficas y culturales.

La UNESCO, la Organización Mundial de la Salud y los comités nacionales de bioética y ética han colaborado estrechamente para ayudar a los Estados Miembros a elaborar políticas sólidas sobre cuestiones éticas. Esta cooperación se está intensificando para hacer frente a los desafíos que presenta la crisis actual. La declaración del CIB y la COMEST sobre el COVID-19 será una referencia central en esta tarea y será utilizada por la UNESCO y sus asociados como instrumento para el desarrollo de capacidades.


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