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A cinco años de la matanza de Charlie Hebdo, persiste el miedo al fundamentalismo islámico



Cinco años después del asesinato de 11 periodistas del semanario de izquierda francés Charlie Hebdo, tras la satirización del profeta Mahoma, continúa la polémica sobre cuál es el límite para dibujar o escribir con cierto humor sobre algunos hechos que las religiones consideran sagrados.
En la matanza, cometida el 7 de enero de 2015 por los hermanos Chérif y Said Kouachi, también falleció un policía que hacia guardia en el exterior del edificio donde funcionaba la revista en la capital francesa. Los dos atacantes, que irrumpieron en las oficinas de Charlie Hebdo mientras se realizaban una reunión editorial, fueron luego acorralados y murieron tres días después al enfrentarse con la policía en una imprenta al noreste de París. Los periodistas Charb, Cabu, Wolinski y Tignous figuran entre los fallecidos. En su primer número luego de la masacre, Charlie Hebdo volvió a retratar al profeta del islam Mahoma, con una lágrima y la leyenda "Todo está perdonado". Esta edición superó los siete millones de ejemplares impresos. Días después de la masacre, las autoridades llegaron a la conclusión de que los hermanos Kouachi habían decidido matar a los periodistas porque consideraban sus representaciones "irrespetuosas" hacia Mahoma. No era la primera vez que Charlie Hebdo satirizaba íconos culturales de todos los ámbitos. Es más, en los últimos cinco años reflejó con humor, y a veces con ira, la vida política francesa a través de los "chalecos amarillos", un grupo antisistema, así como al presidente Emmanuel Macron. Luego de la matanza, el nombre de Charlie Hebdo se hizo universal, pues muchas personas lucían en sus ropas la consigna: "Je suis Charlie" ("Yo soy Charlie", en francés). Se estima que un total de 1,5 millones de personas salieron a las calles de la capital francesa para una marcha de unidad. En aquellos días el mundo vio la matanza como un ataque a la libertad de expresión y la libertad de prensa, así como una amenaza de la intolerancia y el extremismo. Además de los hermanos Kouchi, fueron acusadas por la matanza otras 14 personas. En los días posteriores, Amedy Coulibaly (socio de los Kouachi) disparó a una mujer policía y tomó rehenes en un mercado kosher, matando a cuatro personas, hasta que murió en un tiroteo. Se espera que los juicios comiencen en 2020. En diciembre de 2018, el yihadista francés Peter Chérif, un estrecho colaborador de los Kouachi, fue extraditado a París para cumplir con una condena de cinco años de prisión y enfrentar nuevos cargos relacionados con el ataque a Charlie Hebdo. Se estima que en la actualidad, el seminario satírico francés gasta más de un millón de euros al año en la protección de sus periodistas, según informes de prensa. A pesar de que han descendido sus ventas, mantiene el tono irreverente que lo caracteriza con las religiones, especialmente la musulmana. En octubre de 2017 publicó una tapa con la leyenda: "¡Idiotez o muerte!", referida al fracasado proceso de independencia catalán, y en un artículo editorial criticó al gobierno provisional de Carles Puigdemont. "Como con la Liga Norte en Italia, son siempre las regiones más ricas las que la reclaman", sostuvo en aquella oportunidad Charlie Hebdo. A principios de septiembre de 2019, el sobreviviente Philippe Lancon publicó el libro "El Colgajo". Durante su presentación, afirmó: "Vivimos en el reino del odio y el desprecio" "Desde el atentado tengo la sensación de que el tiempo es una espiral, que la vida es circular, que volvemos una y otra vez a pasar por el mismo sitio, pero nunca es exactamente el mismo sitio", dijo en una entrevista con el diario El País, de Madrid.

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