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El exceso de herbicidas cuesta 400 millones de libras al año en Reino Unido



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400 millones de libras esterlinas – algo menos de 470 millones de Euros – es mucho dinero. ¿Cómo es posible que se pierda semejante cantidad todos los años? Porque es la cifra que se da en un artículo reciente, resultado de calcular el impacto del uso excesivo de herbicidas en el Reino Unido.

En realidad, la situación es muy similar a otra con la que estamos más familiarizados: las bacterias resistentes a los antibióticos. El uso excesivo e indiscriminado de antibióticos también supone un coste enorme para casi todos los países, solo que en este caso además de económico pone en riesgo directo vidas humanas.

Pero en los dos casos el mecanismo es el mismo. Para mejorar algo, en el caso del artículo del que hablamos hoy la producción de trigo de invierno, se utilizan biocidas para evitar que ciertos organismos “roben” recursos – nutrientes, agua y espacio, principalmente – a lo que nos interesa.

Lo que ocurre es que la naturaleza se adapta. Al principio, los herbicidas acaban con las “malas hierbas”. Poco a poco, las que van quedando son aquellas que se han vuelto resistentes a los herbicidas, aquellas con las que los productos que echamos en el terreno no pueden acabar.

Y son estas las que crecen y se desarrollan. Así, cada vez son más frecuentes y por eso los herbicidas ya no son efectivos. Pero en lugar de buscar otra solución, lo que se hace es utilizar mayores cantidades de herbicida, lo que empeora el problema.

Empeora porque las malas hierbas se vuelven cada vez más resistentes, pero los herbicidas no se quedan en los campos de cultivo. Llegan a los ecosistemas, primero a los cercanos y según crece la concentración cada vez más lejos, afectando a más y más especies.

La flora cercana es la primera que se afectada. Porque los herbicidas no distinguen entre “malas hierbas” y flora silvestre. Y con la flora, tantas especies animales como dependan de ellas, y el funcionamiento de los ecosistemas… Y cuanto más echemos, más lejos llegará.

Sumando todas las pérdidas, sale la cifra de 400 millones de libras anuales en el Reino Unido. Una cantidad realmente preocupante.

Pero, ¿no hay nada que se pueda hacer? Sí, claro que lo hay. Y tampoco resulta muy complicado de imaginar: limitar el uso de herbicidas – que usando menos, van a ser igual o incluso más eficaces –, cambiar ciertas costumbres, y potenciar el uso de métodos alternativos en la agricultura. Prácticas que ya se conocen desde hace tiempo. Sólo hace falta voluntad para ponerlas en marcha.


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